Desde el ñoqui de oro hasta varios Martín Fierro, todos los premios de la televisión se distribuían por su casa sin que él mismo supiera dónde estaban. Compartió la redacción de La Prensa con Borges y las tertulias del Bar Baro con Masotta. Algunas coristas del Maipo supieron de su arte para seducir. Transitó el París de los años ’60. Era incapaz de “estirar” un copete sin decir una idea o una reflexión inteligente. Fue jefe de redacción de Gente en su época de oro. Corresponsal en lugares bravos. Llevó a la televisión al padre Carlos Mujica cuando pocos se atrevían a hacerlo. Tuvo mucho, mucho rating. Crió siete hijos que son buenas personas. Escribió cuatro libros, infinidad de notas. Fue exitoso, irónico, famoso, perseguido, querido, traicionado, generoso, respetado, ninguneado. Tenía mucho sentido del humor.
Doce años antes de morir, estaba tranquilo de saber que podía hacerlo sin asignaturas pendientes. Lo hizo el 17 de junio de 2010.
Tuvo enemigos y tuvo grandes amigos. Yo fui uno de éstos. La vida me hizo ese regalo.
EL CHARANGO DE EDGAR VAN DER BOER lo sembramos juntos, al aire, en Radio Colonia. Me dijo que lo escribiera. Me dijo que lo había hecho bien. No se lo creí del todo. Tampoco se lo dediqué. Lo hago ahora. Raúl Urtizberea, perdoname la torpeza.
Adiós amigo. Gracias.
Capo: te tenías escondida (para mí) esta notable amistad. Dime con quien andas... Qué curioso, Urtizberea también fue amigo del padre de un amigo. Alguna vez, en mi niñez, me crucé con él en aquella casa. Yo también lo lamento, no te creas. Un abrazo.
ResponderSuprimirPero pensa que nos quedo el Charango de Edgar Van der Boer que sino no lo hubiramos tenido y com el decia lo unico que no le perdono, es que tuvo la mala de educacion de morirse sin avisar... un abrazo
ResponderSuprimir